Los influencers son comúnmente asociados constantemente a la felicidad plena. Ya que solo vemos ese escaparate que muestran en sus redes sociales, es realmente complicado ver a uno de ellos pasarlo mal por algún tema personal, más allá de preocupaciones que puedan mostrar por temas de interés general. Es por ello que el caso que explicaremos aquí fue impactante, no porque la persona en cuestión se mostrase triste o enfadada, sino porque intentaba todo lo contrario pero, fueron sus propios fans los que se percataron de que posiblemente algo no iba bien. Estamos hablando del caso de Marina Joyce.

Nos remontamos al 2016. Una youtuber londinense llamada Marina Joyce, cuyo canal parecía tener éxito, con numerosas visitas y ‘me gusta’. Sus vídeos tenían una línea de temas estéticos (tutoriales de maquillaje, outfits) aunque también podíamos ver algunos más personales e incluso cómicos. Más de medio millón de suscriptores albergaba el canal antes de que comenzasen los extraños sucesos. 

Sospechas de sus seguidores

La controversia comienza en julio del 2016. Los vídeos de Marina llevaban un tiempo con una tónica confusa para sus seguidores. Su actitud ante la cámara no era la misma, parecía forzada. Su mirada daba una sensación siniestra, sus movimientos y gestos hacían ver que estaba nerviosa (esto se notaba también en su forma de hablar, repitiendo palabras en exceso o por la velocidad a la que hablaba), e incluso sus fans llegaron a atisbar rarezas en la edición, ya que había cortes forzados y que no quedaban bien. La gota que colmaba el vaso llegó en su vídeo Date outfit ideas”, en el que sus fans aseguran escuchar un “help me” en una parte de la grabación.

 

Todo esto movilizó a sus seguidores quienes lanzaron un hashtag en Twitter que se volvió viral, #SaveMarinaJoyce. Numerosas teorías surgieron al respecto, como que alguien la tenía maltratada, ya que en algunos de sus vídeos se podían apreciar magulladuras en brazos y piernas, o que estaba secuestrada y forzada a hacer parecer que todo iba bien. También se crearon hipótesis que aseguraban un problema de Marina con las drogas, o que era enferma de esquizofrenia. La policía recibió montones de llamadas pidiendo ayuda por ella. Tanto fue el caos que unos agentes se presenciaron en su domicilio para corroborar su estado. Fue entonces cuando un tweet de la policía inglesa trató de calmar las aguas, “Ella está a salvo, y bien”, citaba el mismo.  

Frame de uno de los vídeos de Marina en el que se aprecian moratones. (Fuente: Amazing Changes)

¿De dónde viene?

El revuelo que generó el caso no fue ni mucho menos negativo para la youtuber, quien duplicó sus suscriptores en pocos días, y por supuesto sus visitas se dispararon. Es por ello que hubo también quien pensó que podía tratarse de una estrategia de marketing con el objetivo de aumentar la fama y las reproducciones para generar más ingresos. También aparecieron por las redes sociales fans que afirmaban estar sufriendo episodios de ansiedad y depresión a causa de estos sucesos relacionados con su ídolo. Finalmente la misma joven reconoció estar pasando por momentos delicados en su vida, si bien no tenían nada que ver con secuestros o drogas. Esto sin duda es un caso del problema que pueden llegar a generar los fans incondicionales y la fama a edades tempranas, por no hablar de la problemática de las teorías conspirativas y su fácil y rápida difusión por las redes sociales. 

 

Captura del vídeo ‘Date outfit ideas’. (Fuente: Amazing Changes)
No ha sido la única polémica relacionada con esta influencer. En 2019 se reportó su desaparición, lo que hizo saltar de nuevo las alarmas en internet. 10 días después se notificó que había sido encontrada en buen estado. Al parecer todo fue una confusión que, sumada a su inactividad en redes durante aquellos meses estivales, provocó otra avalancha de personas preocupadas por la joven londinense. Incluso se creó otro hashtag, #FindMarinaJoyce. 

 

¡Nos leemos en Influenciados!